Mi último libro de leído "
Manual de Literatura para caníbales" del español Rafael Reig, que junto a
Belen Gopegui, Javier Marías, el fallecido Miguel Delibes, Arturo Pérez
Reverte, constituyen la élite de la Literatura Española en la actualidad.
En él se pueden leer expresiones
como “…la poesía no es rimar sandeces con palabras retumbantes. La poesía es conocimiento,
precisión y claridad”.
“La realidad es como un reloj. Lo que da la
hora no son las manecillas que vemos, sino la máquina interior que no vemos y que es la que las hace moverse. El
mecanismo interno de la realidad social, de eso es de lo que tratan mis
novelas, joven”. Así le respondió Benito Pérez Galdós a Agustín Belinchón.
El libro está lleno de pasajes
interesantes de las coincidencias, el disenso y las curiosidades de los escritores
más afamados de la Literatura Universal. Narra, por ejemplo, cómo un cuñado del
más grande de los poetas según Reig, Rubén Darío, subastaba lo único que le
quedaba: el cerebro, conservado en una caja de fósforos. O como Cela intentaba
absorber por el culo dos litros de agua, luego de unas cuantas copas. O las cartas que le escribía Leopoldo Lugones
a su amada, mojando la pluma en su propio semen.
Pese a lo expuesto anteriormente, ahora es que falta
exquisitez:
Bajo el título de “Especies protegidas, aves rapaces y pájaros
solitarios” encontré esta joya: “Hay dos clases de aves de rapiña. Por un lado,
las que pueden ser amaestradas y someten su voluntad, como el cernícalo, autóctono
de la península ibérica. Por otro lado están aquellas a las que ni las
privaciones, ni la abundancia, ni el rigor, ni los halagos logran domar…”
“Con el saludo a la romana, brazo
en alto, se impuso también el noble pasatiempo de la cetrería…”
“Lo más importante es hacer descender
a la presa de las alturas inalcanzables en las que sobrevuela. Para la caza del
milano, por ejemplo, se solía utilizar un búho. Le pegaban una cola de zorro
para hacerlo más atractivo, y lo dejaban moverse por un prado. El milano lo
divisaba y descendía por curiosidad (descuido o confianza digo yo). Entonces
se suelta la rapaz adiestrada, que
asciende por encima del milano y se deja caer sobre él en picado. Si consigue
la presa se la lleva con docilidad al halconero.”
“Los cernícalos adiestrados
hicieron presa en lo que les señalaban sus halconeros: el milano”.
Al fin y al cabo, aves de rapiña.
Al fin y al cabo, aves de rapiña.