miércoles, 6 de diciembre de 2017

Mágico Hato Viejo


Cuando recuerdo algunas vivencias de ese terruño considero que Macondo es nada comparado con la magia de esa comunidad. 
Recuerdo que una noche, de esas que no te ves la palma de las manos, veníamos mi primo César y yo de Los Cerros y al llegar al paso del canal vimos una luz de un vehículo que venía desde Candelón. Cuando lo advertí no quise decir nada porque, aunque mudamos,dimos agua a los animales y veníamos juntos, no hablábamos por una jugada de out del juego de pelota.
Con frecuencia nosotros antes de regresar del conuco jugábamos pelota en Punta Alegre. Ahí nos juntábamos una gran cantidad de jóvenes los fines de semana y algunas tardes a jugar en la sabana de Lorenza, con el apoyo y la complicidad de dos de sus hijos que vivían alrededor del play y que siempre fueron aliados de nosotros. Con ellos aprendí a tener amigos adultos porque eran fanáticos del juego.
Mi primo y yo siempre éramos los dirigentes de los equipos en los que jugamos, por esa razon nunca coincidíamos para jugar juntos, eso provocaba algunas discusiones por jugadas.
Ese día sucedió una jugada interesante: yo jugaba segunda base, había corredores en segunda y primera, el bateador dio una línea muy cerca de la base, casi rosante con la tierra, me tiré hacia la pelota y la atrapé de aire, el guante quedó sobre la base de donde se desprendió el corredor hacia tercera y el de primera ya estaba en segunda; me paré, lancé a primera y completé el triple play. Es una jugada escasa, confusa y sorprendente. Ellos alegaron que la pelota había hecho contacto con el terreno, solo admitían un out cuando en realidad fueron tres. Ahí se terminó el juego de ese día y Cesar y yo nos pasamos el resto de la tarde y parte de la noche sin decirnos nada, pero juntos al fín, porque peleábamos en cada juego pero yo era su mejor fanático y creo que él gozaba verme jugar. No había un solo día en el que no jugáramos un par de entradas nosotros solos, en uno de esos juegos nos tiramos la pelota, el jarro de medir el arroz, un pedazo de piedra del fogón y al día siguiente dormimos en el suelo en el cuarto de los santos escuchando un juego del Licey y el Escogido que se termino a las dos de la mañana. Felipe Alou dirigía al Escogido y Manuel Mota al Licey, en varias ocasiones llegó un corredor a tercera sin out y el dirigente contrario ordenaba llenar las bases por bolas. Licey ganó con un doble de Rafael Landestoy.
A medidas que caminábamos veíamos la luz del vehículo que se acercaba a la escuela de Hato Viejo, aceleramos el paso para encontrarnos con él en las Tres Cruces de Mageno. De repente desapareció la luz, cuando llegamos al lugar nos encontramos con una gran cantidad de personas que acudían cada noche a la familia mas acogedora que he conocido. A donde Mageno iba todo el que quería pasar un rato jugando dominó o barajas por las noches.
El miedo hace muchas cosas, nos dijeron. Pero no era miedo el hombre con la linterna en el canal que caminaba a mi lado, no era miedo el cocuyo que me acompaño desde Junquito hasta mi casa.Cosas mágicas pasan en Hato Viejo.

Meli

La literatura oral dominicana es rica, hermosa y abundante y tiene grandes exponentes en cada género. La décima, el cuento, los refranes, la "plena", las adivinanzas son géneros cultivados con maestría en Hato Viejo. Sobresalen entre ellos Melí en el cuento y Mimí en la décima, este último aparece en una antología dominicana, el primero era un artista de bajo perfil que empleaba su arsenal en encuentros familiares.
Melí, era un hombre sabio y fue mi primer contacto con la literatura. Escuché de él más de 20 cuentos, en los que los personajes eran animales y Buquí y Malise.
Él tenia una sabiduría empírica que le venía del desconocido e improbable mas allá. Curaba el mal de ojos, ensalmaba los gusanos, preparaba a los niños para que la bruja no se lo coma, echaba a los demonios, en fin, curaba todo, hasta la ignorancia.
Con frecuencia iba a su casa porque entre él y yo había una comunicación especial, de los tíos de mi padre era mi favorito. Cuando ya era un adolescente él prometió enseñarme cómo conquistar a una mujer, se que después de esta publicación algunas lo odiarán y una que otra le agradecerá el consejo, solo les pido que ni una ni la otra me delaten.
A partir de ese momento cada vez que lo veía le preguntaba que cuándo sería a lo que respondía que cuando sea grande, cosa que nunca sucedió porque sigo siendo chiquito.
Un día pensó que ya era tiempo, subió a mi casa y me dijo que baje el domingo para enseñarme una cosita. Les confieso que esa ha sido la espera mas larga de mi vida, contaba cada día que pasaba, a partir del miércoles dije ya mañana es jueves, hoy es viernes, llegó el sábado, por fin hoy es el día, terminé diciendo.

Mi padre salió temprano y en mi casa los permisos para salir a una actividad que no sea propia de la familia los daba él. Como era un secreto de Melí y yo no podía decirle a mi padre que iba a visitarlo, por lo que planee decirle que iba para donde mis abuelos y, como eran vecinos, irme luego para donde mi querido tío. Era cuestión de tiempo porque mi padre no me negaría el permiso para ir a sacar miel con mi abuelo. Llegó como a las tres de la tarde y a esa hora me fui, mis abuelos y yo vivíamos como a dos kilómetros de distancia, llegué como en diez minutos a la casa de ellos, jugué un poco de mate con mi primo Constantino, perdí, por habilidad de él o por descuido mio. En unos minutos comí tamarindos en el patio, me ofrecieron comida y miel pero dije que no porque estaba desesperado por ver a mi maestro. Me fui para donde Melí como a las cuatro de la tarde. Él estaba sentado debajo de la mata de almendra que da las semillas moradas, esa mata era como una bendición para mí, por la sombra y por el alimento que me proporcionaba. Cosía una estera de guano, estaba alegre y cantando como siempre, tarareaba uno de los cantos de Liborio, de repente se calló y como que cambió de aspecto, supongo que simulaba estar "montado" para que yo creyera que lo que me diría no era él, sino los "Seres". En segundos arrancó, cuando estés junto a ella mírala de frente, decía, pícale un ojo. Le interrumpí, ¿cómo así? le pregunté. Pasé más de cinco minutos ensayando para poder picar un ojo, todavía a veces lo cierro en vez de guiñarlo. Si se ríe le gustas, me dijo. Si no se ríe hazlo hasta que le guste, continuó diciendo. Pero lo que más me encantó de él fue su consejo de estrategia: no la persigas, si tiene algún interés en ti ella hasta tropieza contigo, sentenció mi tío sabio. Me reí de buenas ganas y me río y lo recuerdo cada vez que una se disculpa conmigo.

Y son reales

Cuando Gabriel García Márquez escribió Ojos de perro azul no pensó que yo conocería a una morena con los ojos de su cuento. Fue en el 2002 cuando asistí a una capacitación sobre género en un hotel de Barahona, impartido por la escritora Ángela Hernández.
Fue un día de sorpresas, al medio día coincidí en el almuerzo con Jacinto Peynado, no lo conocía, pero una experiencia en una de sus empresas me hizo admirarlo. En el 1996, junto a otros compañeros de trabajo, acudí a darle mantenimiento a un vehículo que había comprado la parroquia Santa Teresa, nos atendió su padre, Don Enrique Peynado, a mí en particular me enseño una reliquia, el carro de Trujillo. Algo raro hizo que el anciano me tomara confianza y me conto esta historia: en la campaña presidencial de su hijo, Jacinto Peynado, tuvo que viajar a Estados Unidos a actividades de promoción de su candidatura, dejo a cargo de él y dos hijos esa empresa, la hembra trabajo con regularidad pero el varón no asistió a sus labores, cuando regreso le pago a todos menos al que no trabajo.
Luego del almuerzo tuve la oportunidad de abordarlo en el restaurante y me atendió como todo un caballero, me identifique y le explique la razón de mi admiración y se sorprendió.
¿Quién te dijo eso?-me pregunto-
No quería decirle pero él completo:
-“Eso solo pudo decírtelo mi padre y el no habla con nadie y menos cosas de familias con un desconocido”
Quise terminar la conversación ahí, pero él se acerco y me dijo: “el viejo te dio una buena razón para que me apoyes, así manejare los recursos del Estado”.
Mi respuesta lo despidió: soy un peledeista que lo admira.
La hora del desayuno fue mi gran momento, ella llego con dos jarras, café, leche, café con leche, leche con café, otra cosa, pregunto la morena, estaba distraído hablando con mi compadre. El pidió de todo, a lo que respondí que eso era lo único que ella no podía servirnos. Sonrió y me miro de una forma que jamás he podido olvidar porque vi los ojos de una joven madre de unos 18 años de edad, dignos de un Picasso. No pude evitar preguntarle que si eran de ella. Sonrió, sabía que me refería a sus ojos, supongo que estaba jarta de escuchar esa pregunta.
-No, son suyos –me respondió-
Un saboriao de Hato Viejo no se queda con esa. ¡Ah, me los regalas! –le respondí-
Recibí una respuesta digna: “yo aquí solo trabajo, no ando buscando nada mas, pero si usted tiene dudas de mis ojos lo invito a mi casa mañana, que es mi día libre, para que vea los ojos de mi hija de dos años, son mas lindos que los míos”.
Yo no tenía celular con cámara ni sin cámara, apenas hace un año que tengo un celular bruto. Ni aquí ni en Bánica había cobertura abierta para móviles, quienes tenían uno se comunicaban en lugares específicos, algunas veces tan altos como el techo de una casa o encaramados en una mata de cocos. Por esa razón no hice una foto y me confié en que iría a su casa en el tiempo libre. Era jueves, comenzó a llover desde que amaneció, cuando pude ir eran las siete de la noche, invite a mi compadre y no quiso ir porque se sintió ridiculizado por mí y me dijo, además, que se dio cuenta de que ella no estaba en él. Creo que no le di chance, pero le dije que ella tampoco estaba en mi y que tenía unos ojos que inspiraban al más insensible ante la belleza natural. No volví a verla jamás porque no la visite, quienes conocían el lugar me advirtieron que era peligroso por la noche. Era una morena con unos ojos tan lindos que cualquier descripción que yo haga de ellos será limitada. A Neruda, Rubén Darío, Bécquer, Machado, a todos les habría disparado la pluma, a mí solo me disparo la curiosidad, por decisión o por ocupación.

Otra travesura


Un día escuche a mi madre decir que a ella nadie la engaña ni la “embabuca” con peo entre macuto. En el momento no le di importancia, pero cuando escuche la historia del rebu por el peo la recordé y pensé que era posible atrapar un peo. A partir de ahí comencé a ensayar para ver si atrapaba uno. Utilice todo tipo de envases: botellas, galones, recuerdo que coleccionaba las tusas de maíz para taparlos, todos los esfuerzos fracasaron. Por un tiempo abandoné la idea hasta que vi a mi hermano anterior llenar una funda plástica de aire soplando, ese fue un gran descubrimiento para mí porque era una posibilidad para concretar mi plan de atrapar un peo. El primer intento fue con una funda de rayas negras y blancas que usábamos en el colmado para vender el azúcar y el arroz, cuando se trataba de una cantidad superior a una libra. Les confieso que me asuste de la explosión, no sé si fue por la descarga o por algún objeto que perforó el recipiente, el estruendo solo se pareció al provocado por la explosión de la funda que amarre, luego, en la cola de un gato negro, del que perdí la confianza para siempre. Después de varios intentos, al fin, logre atrapar uno. Era Sábado Santo, había comido habichuelas y habas todo el día anterior, tenía disparos acumulados, por si alguno fallaba, me fui a la mata de mango a esperar la mejor oportunidad para mi hazaña, Energilia solo se preguntaba qué es lo que acecha Morenin ahí, Marino le respondió que eso era algún pajarito que quería cazar, como conocedor de mi arte con el tirapiedras.
- Pero tiene una funda, dijo Energilia.
-Para echar lo que cace, respondió Marino.
En realidad acudí a hacer uno o varios disparos para cazar mi presa, pero la herramienta no era un tirapiedras, era una funda, y la caza no era de aves, era de peos.
A eso de la una de la tarde pensé que llego mi primera oportunidad, pero me asuste porque me llamaron de la casa para que coma porque al decir de mi madre me estaba muriendo del hambre. Fui, comí un chin y volví a la mata de mango, que aun da frutos. No espere mucho, el almuerzo entro en competencia con las habas y las habichuelas con dulce, al primer intento lo capture, pero tenía dudas si lo encerraba o si hacia otro intento, porque creí que no salió solo, decidí encerrarlo y amarrar la funda con hilo del que cosían las fundas de maní de la Manisera. Lo cubrí con varias fundas para evitar un escape, lo guarde con la intención de hacer un desorden, hasta que llegó el día.
Yo dormía en un catre con mis dos hermanos mayores, en el lado norte del aposento, el piso de la casa era de tierra y las paredes eran de tablas de palmas y tejamaní, contiguo a la habitación estaba la enramada en donde se celebraba una fiesta a los santos todos los años el día 25 de diciembre. En el borde interior nació una mata de chinola en el mismo horcón central. Para que pudiera crecer la matita de chinola hice un hoyito entre las tablas y el piso de tierra, en efecto creció y sirvió de techo a toda la enramada, jamás hubo que maltratar una mata de palma o de coco en el patio para cobijar la enramada y la producción fue impresionante, hasta que decidieron cortarla porque llamaba ratones para la casa. Al cortarla quedó la comunicación entre el aposento y el patio de la fiesta, un hoyo que nunca más se tapó.
El día de la travesura yo estaba de mal humor, por un hecho anterior, se había peleado en otra fiesta en años anteriores, eran las siete de la noche, los músicos estaban borrachos y yo quería que termine para que se vayan, porque no quería ser parte de otro rebù, para ello la mejor alternativa era el peo amarrado, fui a la jalda, me subí en la mata de palo de chivo, solté la funda que todos preguntaban qué es eso, me metí debajo del catre, introduje la boca de la funda por la abertura que había dejado la mata de chinola y le corte el hilo con una navaja.

domingo, 25 de diciembre de 2016



Travesuras







 Hacia cosas locas y divertidas en Hato Viejo. Corría detrás de una gallina hasta agarrarla cansada, salía a cazar aves al vuelo, nadaba boca arriba, inflaba fundas en las colas de los gatos para que se asustaran cuando estas explotaran en las brucas. Lo que hacía con el burro y la yegua para obtener mulos era muy original: el asno era pequeño y la yegua muy alta, así que se me ocurrió meter la bestia en el cauce del caño mayor de las parcelas contiguas a la de mi padre y les aseguro que, aunque la yegua se atasco alguna vez y mi padre me pego cuando lo descubrió, ambos me lo agradecieron tanto que ella ya entraba sola y el burro me expresaba su alegría desde que me veía. Ah, y no hubo "jalda" que no conocí, de utilidad para mí o para el burro. 
Pero en donde me gradué fue el día que tranque 20 gallinas para realizar mi primer "ensayo". Todas volaron menos una. Esa me había cogido confianza en el molino de piedras en el que molía todos los días una cantina de maíz para hacer el chenchen, hasta que un día le di vueltas y vueltas hasta romperlo porque me canse de moler el maíz pintado. Eso garantizo dos cosas: una buena pela que me dio Marino y una nueva "tapa" que jamás fue igual. Hoy por hoy conservo la base para el regreso.
El río caña y la tina siempre han sido mis aliados para mis travesuras. Todas las mujeres lavaban, se bañaban y buscaban agua en la noria. En la cerca de mi padre había mucha hierba y arropaba el camino de lado a lado. Todas pasaban frente a mi casa, yo conocía cada horario, sobre todo el de mis enemigas y el de mis enamoradas. A ambas las trataba igual. Luego de que pasaban a buscar el agua para la noria les amarraba las brucas para que se cayeran y  se les rompiera el güiro. Pelee con una porque esa me ensucio la noria para que yo no pudiera coger agua, esa me devolvió un poco de lo que le había hecho. Vi caer a madres e hijas,  a grandes y pequeñas, hasta que el camino fue abandonado.
Pero mi rebeldía y mis travesuras llegaron hasta mi casa. Resulta que ese día no quería ir a la noria. Pese a que todos estábamos ahí a mi fue a quien mandaron a buscar el agua. Planee mi viaje, recogí todos los güiros y galones que pude colgar del serón y me fui en mi burro, con el que tenía una relación de amigos, él me acompañaba en todas las tareas del día, incluido ir a la escuela. Debí pedirle disculpa a él por lo que hice.
Cuando llegue a la noria lo primero que hice fue cargar agua para mojar la subida en el conuco de Burgo, paz querido tío. Era el lugar perfecto para que el burro se cayera y se rompan todos los güiros. La erosión del terreno había convertido el  angosto camino en especie de una cañada con una barranca a ambos lados que ante cualquier tambaleo todos los güiros pasaban a la historia. Efectivamente, el burro resbalo y no quedo un güiro con agua. Cuando llegue a la casa la primera pregunta fue de mi padre:
_ ¿Qué paso, Morenin?, inquirió Marino.
_La subida estaba mojada y el burro resbalo, le conteste.
_Pero no llovió ayer, dijo mi madre con la picardía que la caracteriza.
Para qué seguir la historia si les cuento que ambos se dieron gusto en mis costillas.
El día 16 de mayo del 1978 se repitió la historia, pero fue la última pela que me dio mi padre. Ese día no le fue muy bien al hermano que me sigue, al que adoro y de él he recibido todo lo que me ha podido dar. Todos estaban en casa, pero una vez mas fue a mí a quien mandaron a buscar el agua. Los güiros y los galones llegaron llenos esta vez, pero nadie quiso ayudarme a descargar el burro. Elegí al que podía dominar, al pobre Holguín, indefenso, pacifico, buen hermano, sin odios, y le di con un plantón de la yuca que habían sacado para el desayuno. Gracias a Dios que a él solo se le hinchó el ojo, pero a mí se me hincho toda la espalda. El tema de las pelas es complejo, no estoy ni a favor ni en contra, nunca he dado una, recibía tres por día de mi madre. Creo que me ayudaron a ser una mejor persona, era su estilo de decirme lo que estaba mal. Todas me las gane, menos una. Resulta que siempre quise ser pelotero y jugaba béisbol hasta que me fracture un dedo cambiando un neumático de un jeep de la parroquia en  el 1991. Salí para el río con un primo y encontramos una puerca casi en estado de descomposición a medio enterrar en la arena, ahogada y arrastrada por la crecida del río Macasías en días anteriores. Esa fue una magnífica oportunidad para calentar el brazo, porque las piedras daban en el estómago distendido como verdadero strike. Hacíamos lanzamientos alternos y uno le servía de árbitro al otro. Pasamos la mañana en eso sin percatarnos  de que la dueña, quien buscaba al animal perdido, nos había visto en el entrenamiento. Alrededor de las tres de la tarde llegué a casa, desde que mi padre me miro sabía que había un problema. Solo me llamo y me dijo: “híncate ahí” Creí que se trataba del tiempo que no me veía en casa, pero no, su primer lanzamiento fue strike y  en todos los que me lanzo con las tres varas que rompió en mis costillas, no hubo ni una sola bola ni un solo lanzamiento abanicado. Todos fueron cantados.Quiero volver a hacer cosas locas, como en los viejos tiempos y extrañar las correcciones de Marino y Energilia, soy el ladrillo del barro que ellos moldearon. Al fin y al cabo eran travesuras.








miércoles, 27 de julio de 2016

En la acera.

Hoy es uno de esos días en los que uno reafirma su posición frente a un aspecto de la vida.
He publicado varios comentarios diciendo que, una vez me jubile en el Estado como servidor público que soy, vuelvo a mi natal Hato Viejo. Mis cercanos me acusan de estar loco por querer regresar al área rural, porque con ello me alejo de la "civilización". Me consideran anticuado y asocian mis instintos a la barbarie.
¿ Civilización de qué?. Hoy, como cada día que puedo, acompañé a  mis dos hijas al Metro, es una experiencia interesante porque son horarios diferentes y hago la ruta a pie y puedo ver cómo vive y se comporta la gente en la ciudad. Si eres un peatón no tienes ningún derecho, el taller repara los equipos y maquinarias en la acera, el constructor deposita los materiales en la acera, el conductor estaciona su vehículo en la acera, el vendedor ambulante posa su triciclo en la acera, parece que hay un acuerdo para que los colmados, centros de bebidas y negocios extiendan su actividad comercial hasta la calle, el Amet no le preocupa que el peatón tenga 15 minutos en la acera,corres entre los vehículos para cruzar la calle y te encuentras con una motocicleta en la acera, muchas veces guiadas por quienes tienen que evitarlo.
Cuando circulas por la cuidad en un vehículo, puedes llevarte una hoja y un lápiz si quieres escribir un nuevo diccionario de la lengua. El idioma dominicano de Santo Domingo tiene un vocabulario muy colorido. Es fácil escuchar en una intersección, en un semáforo, o en cualquier parte que haya mas de una persona, expresiones como estas: m.g., s.t.m, h.l.g.p., c.p.,c., h.d.c.
Pero no se queda ahí. Una de esas personas que se colocan en la acera para buscar el sustento de la familia es una señora maravillosa que me vende el café cuando acompaño a mis hijas al Metro. Cuando pasan muchos días que no me ve le pregunta a la menor de mis hijas por mí. Eso refuerza mi convicción de que la amistad con gente humilde es mas placentera para mí que tenerla con gente de "importancia". Fuí a saludarla y a darle las gracias por el saludo que me envió mientras estaba en Comendador. Como de costumbre me adelanté y le extendí la mano para estrechar la suya, de repente un señor que nunca había visto se adelantó y estrechó mi mano, diciendo la siguiente expresión: " los hombres primero". Eso y el riesgo que corrí de ser chocado por un guardia en una motocicleta en la acera me hizo pensar que somos una sociedad del siglo 21 con pensamiento y conducta primitiva, quizás nos parecemos a una sociedad de antes de la imprenta y la aparición de la escritura.
He escuchado muchas veces que esta es la cuidad de los sustos pero uno no lo entiende hasta que no lo vive, y eso es para todo en la vida. En la acera puedes vivir todo, hasta la muerte.

domingo, 10 de julio de 2016

Género en extinción

El desarrollo se mide por variables como ingreso, acceso a servicios, disponibilidad de bienes, el conocimiento, capacidad de respuesta. Está asociado a cultura de trabajo e inversión inteligente en medios productivos, servicios y desarrollo humano.
Las personas son el gran activo de una sociedad porque son quienes diseñan y ejecutan la marcha de ella. El perfil de su gente define el perfil de sociedad existente, porque esta es la suma de cada individuo, con sus conocimientos, habilidades, destrezas, limitaciones, vicios, virtudes, pasiones, intereses. Rousseau concibe al hombre como un producto social, en el que el contexto va dejando su sello particular. Según él, cada persona es el producto de su sociedad.
Con frecuencia escucho que toda la culpa del bajo desarrollo de Elías Piña la tienen los políticos y la mala calidad de la educación, pero resulta que los docentes y políticos no son de Marte, son sujetos producto de la sociedad de la provincia. Cuando un estudiante de esta provincia sobresale en el nivel profesional en el territorio nacional o en el extranjero, graduado de los centros educativos de la provincia, recibió el mismo currículo y la facilitación de los mismos docentes de los estudiantes de bajo rendimiento. Fuller dice que los resultados de la educación están determinados por los medios, el currículo, los recursos humanos; destaca entre los medios el acceso a la tecnología, la biblioteca, el mobiliario y la planta física. Esos elementos son parte de la responsabilidad política, pero la responsabilidad individual que tiene la persona no puede ser sustituida por otro actor del proceso.
Es cada vez más decreciente la inversión de recursos y tiempo de las personas a alimentar su intelecto. Y no se trata de titularse y especializarse en esta o aquella área, es hacer del estudio y la lectura una cultura, sobre todo si su actividad es construir capacidades, es decir, que la materia prima de su empresa es el conocimiento. Me impresiona cuando profesionales de otras latitudes pueden abordar sin dificultad temas diferentes a su área de formación, muchas veces con mayor profundidad que los "especialistas" locales. Cada día son menos los profesionales que pueden abordar el tema del desarrollo de forma holística. Hay un discurso, eso sí, pero cuál es el aporte que hacen para que nuestros graduados mejoren su perfil y exhiban una cultura general, similar a sus pares de la América de Bolívar, o al menos del país. Cuál es el aporte para mejorar los servicios básicos, para un uso sostenible de los recursos naturales, para aumentar la producción de la actividad agrícola y pecuaria. La planificación y la gestión de riesgos son temas desconocidos y de poco dominio en nuestros profesionales, de la investigación ni se diga porque implica el uso de procedimientos y herramientas científicas.
En el sector salud hacen congresos para actualizar conocimientos de temas y patologías, introducen innovaciones en procedimientos, pero ¿cuándo fue el último congreso para abordar de forma científica un tema de la educación, agronomía, ingeniría, otros, que participaran profesionales que hacen vida en Elías Piña?
Ese es el reto, convertir al profesional en un ente que se renueva permanentemente y que tiene cultura general sobre temas del desarrollo porque ese género humano esta en extinción.
 La resiliencia es disciplina y filosofía de vida.